26 Ago Cambios de comportamiento en el Alzheimer: por qué ocurren y cómo actuar
Los cambios de comportamiento son una de las situaciones que más preocupan a las familias de una persona con Alzheimer. Alguien que siempre ha sido tranquilo puede mostrarse irritable, una persona muy activa puede perder el interés por lo que antes disfrutaba o pueden aparecer episodios de agitación, desconfianza o resistencia ante actividades cotidianas.
Aunque estos cambios pueden resultar difíciles de comprender, es importante recordar que no se producen de forma voluntaria. El Alzheimer afecta progresivamente a distintas funciones cerebrales y puede modificar la manera en que la persona interpreta lo que sucede a su alrededor, expresa sus necesidades o responde ante determinadas situaciones.
Comprender por qué aparecen determinados comportamientos en el Alzheimer puede ayudarnos a afrontarlos de una manera más tranquila y adecuada.
¿Por qué cambia el comportamiento de una persona con Alzheimer?
A medida que avanza la enfermedad pueden aparecer dificultades para comprender situaciones, recordar lo ocurrido, reconocer determinados lugares o personas y expresar con claridad lo que se necesita.
Imaginemos, por ejemplo, que una persona no recuerda por qué alguien está intentando ayudarla a vestirse o a ducharse. Para ella, esa intervención puede resultar desconcertante o incluso amenazante. Lo que desde fuera interpretamos como resistencia puede ser, en realidad, una reacción de miedo o incomprensión.
Además, no todos los cambios tienen necesariamente su origen directo en la enfermedad. El dolor, el cansancio, el hambre, determinados medicamentos, una infección, el exceso de ruido o un cambio en las rutinas también pueden influir en el comportamiento.
Por ello, ante un cambio repentino o especialmente intenso, es recomendable consultarlo con los profesionales sanitarios para valorar si puede existir alguna causa física o médica.
Cambios de comportamiento frecuentes en el Alzheimer
Cada persona vive la enfermedad de una manera diferente y no tienen por qué aparecer todos estos comportamientos. Sin embargo, existen algunas situaciones relativamente frecuentes.
Agitación e irritabilidad
La persona puede mostrarse inquieta, nerviosa o reaccionar con enfado ante situaciones que anteriormente no suponían ningún problema.
En estos momentos suele ser más efectivo mantener un tono de voz tranquilo, evitar discutir y reducir los estímulos del entorno que intentar convencerla mediante razonamientos largos.
También conviene preguntarnos qué ha sucedido justo antes: ¿hay demasiado ruido?, ¿está cansada?, ¿tiene hambre?, ¿puede sentir dolor?, ¿se ha producido algún cambio inesperado?
Identificar posibles desencadenantes puede ayudar a prevenir nuevos episodios.
Repetición constante de preguntas o acciones
Preguntar varias veces qué hora es, cuándo llegará alguien o dónde se encuentra un objeto puede resultar agotador para quien acompaña a la persona.
Sin embargo, para alguien con Alzheimer cada pregunta puede sentirse como si fuera la primera, porque puede no recordar que ya obtuvo una respuesta.
Responder con calma, utilizar recordatorios visuales cuando sean útiles y evitar expresiones como “ya te lo he dicho” puede reducir la frustración de ambas partes.
Apatía y pérdida de iniciativa
En ocasiones, el cambio no se manifiesta mediante agitación sino justamente al contrario.
La persona puede dejar de mostrar interés por actividades que antes disfrutaba, permanecer largos periodos sin iniciativa o necesitar ayuda para comenzar tareas sencillas.
Es importante no interpretar automáticamente esta actitud como falta de voluntad. La apatía puede formar parte de la evolución de la enfermedad.
Proponer actividades sencillas, conocidas y adaptadas a las capacidades que conserva puede facilitar su participación sin generar presión.
Desconfianza o ideas que no se corresponden con la realidad
Una persona con Alzheimer puede creer que alguien le ha robado un objeto que no encuentra, pensar que debe regresar a una casa en la que vivió hace muchos años o no reconocer temporalmente a alguien cercano.
Intentar demostrarle insistentemente que está equivocada suele aumentar la angustia.
En muchas ocasiones resulta más útil atender a la emoción que existe detrás de lo que está diciendo. Si está preocupada porque quiere “volver a casa”, por ejemplo, quizá lo que esté expresando sea una necesidad de seguridad o de encontrarse en un lugar familiar.
¿Cómo actuar ante una conducta difícil?
No existe una respuesta válida para todas las personas ni para todas las situaciones. Sin embargo, algunas pautas pueden ayudar:
- Mantener la calma y hablar despacio, utilizando frases sencillas.
- Evitar enfrentamientos y discusiones innecesarias.
- Intentar identificar qué puede haber provocado el comportamiento.
- Mantener, en la medida de lo posible, rutinas previsibles.
- Reducir ruidos o estímulos cuando exista agitación.
- Respetar el espacio personal y dar tiempo para responder.
- Adaptar las actividades a las capacidades actuales de la persona.
- Pedir ayuda profesional cuando los cambios sean repentinos, intensos o difíciles de manejar.
La manera en que nos comunicamos también puede marcar una gran diferencia. Si quieres profundizar en este aspecto, puedes consultar nuestro artículo “Cómo comunicarse con una persona con Alzheimer: consejos para familiares”.
La importancia de conocer a la persona, no solo la enfermedad
Una misma estrategia no funciona para todo el mundo.
Conocer la historia de vida, personalidad, hábitos y preferencias de la persona ayuda a comprender mejor determinados comportamientos. Una canción conocida, una rutina que lleva años realizando, una determinada manera de dirigirse a ella o incluso el momento del día pueden influir en cómo responde.
Por eso, en la atención especializada en Alzheimer resulta especialmente importante que los cuidados se adapten a cada persona y no únicamente a su diagnóstico.
Cuando los cambios de comportamiento dificultan los cuidados en casa
A medida que la enfermedad evoluciona, algunas familias pueden encontrarse con situaciones cada vez más difíciles de gestionar: alteraciones importantes del sueño, desorientación, riesgo de salir de casa sin supervisión, resistencia continuada a los cuidados o necesidad de atención durante prácticamente todo el día.
Esto no significa necesariamente que haya llegado el momento de un ingreso residencial, pero sí puede indicar que las necesidades de atención han cambiado y conviene valorar qué apoyos necesita la persona y su familia.
En nuestro artículo “Cómo saber si una persona con Alzheimer ya no puede vivir sola” explicamos algunas señales que pueden ayudar a valorar esta situación.
También puedes consultar “¿Cuándo ingresar a una persona con Alzheimer en una residencia?”, donde abordamos específicamente esta decisión.
Atención especializada en Alzheimer en Toledo
Cuando una persona con Alzheimer necesita una atención cada vez más continuada, disponer de un entorno adaptado y de profesionales con experiencia en demencias puede aportar seguridad y estabilidad.
En nuestra residencia especializada en Alzheimer en Toledo, la atención parte del conocimiento de cada persona, sus capacidades, sus hábitos y su historia de vida. El objetivo es ofrecer un entorno seguro y familiar, con rutinas y cuidados adaptados a las necesidades que pueden aparecer durante la evolución de la enfermedad.
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